«La música no es un lujo, sino una necesidad. No es solo un medio para olvidarse de la vida cotidiana, sino una forma de comprenderla mejor y una escuela de vida que nos enseña a escuchar.» (Daniel Barenboim, pianista y director de orquesta)
Educación y formación
Estamos usando dos palabras que a veces confundimos: educación y formación. La formación es un proceso específico orientado a adquirir habilidades prácticas o técnicas para una tarea o profesión (el «saber hacer»).
Etimológicamente, «educación», en el sentido de la palabra latina «ēdūcere», significa literalmente «sacar» o «extraer». En sentido figurado, se refiere al desarrollo y la revelación de las aptitudes y el talento innatos de una persona. Además, el término relacionado «ēducāre» conlleva el significado de «criar, cuidar, alimentar».
La educación es un proceso integral que busca desarrollar a la persona en sus valores, su intelecto, su moralidad, su carácter, sus percepciones sutiles. La educación es un proceso holístico que dura toda la vida. No solo abarca la transmisión de conocimientos académicos, sino también el desarrollo ético, emocional y social.
En el mejor de los casos, la educación y la formación van de la mano.
El estudio a largo plazo «Educación musical y su efecto»
«La política educativa que incluye la educación musical es la mejor política social.» (Hans Günther Bastian, pedagogo musical)
Varias investigaciones científicas han probado que la formación musical influye positivamente en el desarrollo de la personalidad de los alumnos de primaria; por ejemplo, el estudio a largo plazo del alemán Hans Günther Bastian con el título «Educación musical y su efecto». Este estudio es uno de los más importantes en el ámbito de habla alemana en el campo de la educación musical. Bastian (1944-2011) era pedagogo musical, musicólogo y profesor universitario especializado en la psicología de la pedagogía musical.
Durante seis años, Bastian y su equipo realizaron un estudio con el título «Sobre la influencia de la educación musical ampliada en el desarrollo general e individual de los niños». Este estudio recibió el apoyo del Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania.
Desde el año 2000 se conocen los resultados, algunos de ellos sorprendentes. La educación musical ampliada influye de manera muy positiva en el desarrollo de la personalidad de los niños de primaria.
El estudio se llevó a cabo en escuelas primarias (duración: seis años; edad de los alumnos: de 6 a 12 años) de Berlín con un enfoque musical (dos horas semanales de clase de música, más el aprendizaje de un instrumento y la interpretación musical en un conjunto: en total, cuatro horas semanales dedicadas a la música) y en dos escuelas de control (clase de música convencional de una hora semanal). La evaluación del desarrollo de determinados rasgos de la personalidad de los niños —grupo modelo (GM) frente a grupo de control (GC)— se centró en las hipótesis sobre los efectos positivos de transferencia de la educación musical «ampliada». Los resultados se encuentran en un estudio de 686 páginas (tras haber recogido más de un millón de datos). Aquí presentamos una selección de los resultados, tras extraer algunos puntos y resumirlos para este artículo.
Positivos «efectos de transferencia» de la educación musical ampliada
- Aumento y estabilización del cociente intelectual: en los niños que recibieron una enseñanza musical ampliada se observó un aumento o una notable estabilización del cociente intelectual. En particular, los niños con un cociente intelectual por debajo de la media se beneficiaron de forma espectacular (efecto de compensación).
- Reducción significativa de la exclusión social: el porcentaje de alumnos de primaria que no sufrieron ningún tipo de rechazo por parte de sus compañeros fue, en las clases de música, de alrededor del 62 %, casi el doble que en las clases de control (aprox. 34 %). El número de alumnos marginados socialmente se redujo drásticamente.
- Mayor competencia social y empatía: se demostró que la práctica musical continua en conjunto fomentaba la escucha activa, la atención mutua, la capacidad de dejar de lado los propios impulsos y la empatía hacia el grupo.
- Reducción de la agresividad y la violencia: en las clases con énfasis en la música, el estudio registró una notable disminución de la agresividad física y verbal, menos actos vandálicos en el recinto escolar y un comportamiento más constructivo ante los conflictos en el día a día escolar.
- Compensación de los déficits de concentración: aunque el aprendizaje de un instrumento no generó un aumento general de la concentración en todos los alumnos, los niños con déficits diagnosticados de atención y concentración pudieron compensarlos mediante la práctica musical.
- Sin pérdida de rendimiento en las asignaturas principales: a pesar del considerable tiempo adicional dedicado a las clases de instrumento, la interpretación en conjunto y la práctica diaria, los niños del grupo musical obtuvieron resultados, en asignaturas como matemáticas, alemán e inglés, idénticos a los de los niños de los colegios convencionales.
- Fomento del rendimiento académico sobresaliente: el porcentaje de alumnos con notas por encima de la media en las asignaturas troncales fue, en varios cursos, incluso ligeramente superior en las clases de música que en el grupo de control.
- Fomento de la creatividad y la flexibilidad de pensamiento: a través de la creación musical, la improvisación y la interpretación se estimuló tanto la creatividad plástica como la verbal, así como la flexibilidad en la resolución de conflictos.
- Reducción de la ansiedad y mayor capacidad de resistencia: afrontar situaciones de actuación y audiciones públicas no supuso una sobrecarga para los niños, sino que reforzó su autoestima y les ayudó a gestionar mejor la presión de los exámenes y la ansiedad escolar.
- Desarrollo de la motricidad fina y la percepción espacio-temporal: se demostró que la lectura sincronizada de las partituras y su ejecución motora en el instrumento mejoraron la coordinación ojo-mano, la motricidad fina y la capacidad de representación espacio-temporal (transferencias visomotoras).
Tocar un instrumento, una de las exigencias más complejas para el cerebro
Tocar un instrumento es una de las actividades humanas más complejas. Incluso en las piezas más sencillas se requieren habilidades intelectuales (comprensión), de motricidad gruesa y fina (pulsación de teclas, cuerdas, etc.), emocionales (sensibilidad) y sensoriales. La coordinación precisa de las manos y los dedos exige también la capacidad de visualización espacial.
Tocar a primera vista requiere el procesamiento rápido y simultáneo de abundante y densa información (notas, compás, tempo, volumen, agógica, etc.). Se requiere un pensamiento abstracto y complejo, incluso al anticipar y repasar mentalmente la música del compás que se acaba de tocar. Esto, a su vez, supone una actividad en las condiciones más extremas de simultaneidad de lo asincrónico.
Y, por encima de todo, al tocar o cantar queremos lograr que entre la belleza.
En ninguna otra asignatura, en ninguna otra actividad, un niño tiene que tomar tantas decisiones al mismo tiempo y procesarlas de forma continua durante períodos de tiempo tan prolongados.
Esta combinación de atención constante y continua y de planificación anticipada, ante una exigencia mental, psíquica y física en constante cambio, constituye una experiencia educativa de un valor único y, por lo tanto, indispensable.
Y no hace falta destacar que, al tocar juntos en un conjunto o cantar en un coro, los niños aprenden unos de otros y asumen responsabilidades mutuas.
Más allá de los meros parámetros técnicos de la interpretación musical, el músico-artista dota a su interpretación de una expresión personal y de una belleza interior que conmueve los corazones de los oyentes. Esto exige que el músico ponga su propio corazón en la música. La percepción de sentimientos sutiles y complejos, y su expresión hacia el exterior, presupone que el músico-artista tiene una vida interior consciente, unida a la capacidad de reflexión, la sinceridad y el trabajo sobre sí mismo y su carácter. La educación musical está, por tanto, estrechamente ligada a la formación del carácter.
Valores educativos de la música en el proceso de culturalización
«La música no es un bonito complemento: es el cordón umbilical que nos une a lo divino, es lo que garantiza nuestra humanidad. Sin música, no somos más que robots que funcionan.» (Nikolaus Harnoncourt, director de orquesta e investigador musical)
Las conclusiones de investigaciones como la de Bastian exigen una política cultural, educativa y escolar más comprometida, que sitúe la asignatura de música en el centro de nuestras escuelas de enseñanza general, en lugar de dejarla al margen.
Suponemos que el ministerio de Educación de cualquier Estado tal vez no vaya a reformar a medio o largo plazo los planes de estudios de los colegios en el sentido de las reflexiones que presentamos en este artículo. Sin embargo, ya existen iniciativas en todo el mundo que ponen en práctica ideas similares, aunque quizás no de forma tan marcada como en el estudio de Bastian.
La música popular, tradicional o folclórica existe en todos los países del mundo, ya sea organizada en círculos privados o en numerosas asociaciones sin ánimo de lucro. Con sus actividades, ensayos y presentaciones se desarrollan competencias personales y sociales a través de la música, del baile y de la convivencia, competencias que enriquecen su entorno.
En cierta manera, podemos enfocar determinadas ramas de la llamada «música pop» (abreviatura de «popular») desde el mismo punto de vista. Estoy seguro de que después de dos o tres generaciones se podrá notar que algunas piezas de música pop están transformándose paulatinamente en «música folclórica», o sea, «música popular tradicional». Hay actualmente innumerables bandas de música pop no comerciales que consideran sus actividades musicales como un bien cultural; el tiempo separará el trigo de la paja.
Lo mismo pasa con la llamada «música clásica»: aparte de las escuelas de música, los conservatorios y las universidades de música, existen grupos privados que cantan en coros, tocan música de cámara o en orquestas.
En agosto de 2026, el papa León XIV centró su catequesis en la música sagrada. Durante la audiencia general, el pontífice explicó que el canto litúrgico «no es un mero adorno de la celebración», sino parte integrante de la propia acción litúrgica. La misma actitud hacia la música existe en otras religiones. La música nos ayuda a elevar el alma.
Y aún hay instituciones de iniciativa privada, como el «Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela», fundado por José Antonio Abreu en 1975. El programa de El Sistema es reconocido por rescatar a jóvenes en circunstancias de extrema pobreza de ambientes de abuso, drogas y delincuencia. De otra manera, probablemente habrían sido arrastrados por esos ambientes. Actualmente (julio de 2026), según Wikipedia, El Sistema cuenta con una red en todo el mundo de más de 120 orquestas juveniles y 60 orquestas infantiles, con un número aproximado de 350.000 jóvenes.
También el «Centro Internacional de Estudios de Música y Artes Escénicas — Tristán» de la asociación internacional Nueva Acrópolis (actualmente con más de 600 escuelas de filosofía) está organizando actividades, cursos, talleres, ensayos y actuaciones en el campo de las «Artes Musáicas» (música, baile, teatro y poesía) con la finalidad de fomentar la plasmación de valores humanos en nuestras sociedades modernas.
«La música es un derecho fundamental, no un privilegio para una élite. Si dejamos de invertir en la educación musical, privamos a la sociedad de su alma y de un lenguaje que todo el mundo entiende.» (Sir Simon Rattle, director de orquesta)
Walter Gutdeutsch
Profesor. Tristán, Austria.
