{"id":11976,"date":"2024-10-15T20:59:56","date_gmt":"2024-10-15T18:59:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.acropolis.org\/?p=11976"},"modified":"2024-10-15T20:59:57","modified_gmt":"2024-10-15T18:59:57","slug":"el-espiritu-olimpico-el-sueno-de-un-hombre-la-herencia-de-una-humanidad-mejor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.acropolis.org\/es\/escuela-del-deporte\/2024\/el-espiritu-olimpico-el-sueno-de-un-hombre-la-herencia-de-una-humanidad-mejor\/","title":{"rendered":"El esp\u00edritu ol\u00edmpico: el sue\u00f1o de un hombre, la herencia de una humanidad mejor"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El esp\u00edritu ol\u00edmpico: el sue\u00f1o de un hombre, la herencia de una humanidad mejor<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vez, hace mucho tiempo, cuando el siglo XIX se encaminaba hacia su \u00faltima d\u00e9cada, y el siglo XX se perfilaba ya en el horizonte como un prometedor futuro de esperanza, un hombre tuvo un sue\u00f1o. Se llamaba Pierre Fredy, bar\u00f3n de Coubertin.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde el a\u00f1o 1829 los Gobiernos de Francia y Alemania hab\u00edan estado excavando sistem\u00e1ticamente para descubrir los legendarios monumentos de Olimpia, y en 1881, las ruinas de la antigua ciudad santuario, que hab\u00eda sido la cuna ancestral del atletismo y la patria de los juegos ol\u00edmpicos, quedaron por fin completamente desenterradas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"600\" height=\"490\" src=\"https:\/\/www.acropolis.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/El-espiritu-olimpico.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-11977\" srcset=\"https:\/\/www.acropolis.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/El-espiritu-olimpico.jpg 600w, https:\/\/www.acropolis.org\/wp-content\/uploads\/2024\/10\/El-espiritu-olimpico-300x245.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora, despu\u00e9s de quince siglos envueltas en un silencioso manto de soledad y olvido, las viejas piedras de sus amplias calles y avenidas, de sus templos, sus fuentes y sus altares, de los p\u00f3rticos y columnas que sosten\u00edan sus majestuosos edificios, de sus relieves con escenas legendarias y sus estatuas de j\u00f3venes h\u00e9roes con cuerpos de bronce y mirada de eternidad, surg\u00edan de nuevo desde las arenas del tiempo para alzarse verticales y desafiantes a la luz del d\u00eda, como perenne recordatorio de un sue\u00f1o de siglos, de una leyenda viviente, de un esp\u00edritu intemporal\u2026 el Ideal Ol\u00edmpico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un ideal lo suficientemente noble, elevado y poderoso como para perdurar durante m\u00e1s de mil doscientos a\u00f1os, desde el 884 a. C. hasta el a\u00f1o 393 d. C., en el que el emperador cristiano Teodosio I prohibi\u00f3 la celebraci\u00f3n de los Juegos Ol\u00edmpicos por considerarlos una festividad \u00abpagana\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de ese momento, las gentes dejaron de ir a la ciudad sagrada de Olimpia, bajo peligro de excomuni\u00f3n. Sus calles, plazas y edificios, otrora alegres y bulliciosos estaban ahora desiertos. Sus templos y altares quedaron abandonados. Muchas de sus estatuas y relieves fueron intencionadamente mutilados, y en el legendario estadio de Olimpia ya no volvi\u00f3 a escucharse nunca m\u00e1s el clamor de los v\u00edtores y aplausos que ensalzaban las haza\u00f1as de los atletas victoriosos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, la gloria de Olimpia no desapareci\u00f3 para siempre, ya que su recuerdo permaneci\u00f3 guardado en alg\u00fan oscuro rinc\u00f3n de la memoria profunda de la humanidad. Por eso, quince siglos despu\u00e9s, impulsada tal vez por la misteriosa ley del&nbsp;<em>Eterno Retorno<\/em>, la antorcha del&nbsp;<em>esp\u00edritu ol\u00edmpico<\/em>&nbsp;habr\u00eda de iluminar de nuevo el coraz\u00f3n de los hombres, inspirando la celebraci\u00f3n de los Juegos Ol\u00edmpicos de la Era Moderna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El esp\u00edritu ol\u00edmpico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es curioso observar c\u00f3mo las grandes creaciones del genio humano, aquellas que seg\u00fan afirman los sabios, los fil\u00f3sofos y los poetas, fueron inspiradas por las divinas musas, no parecen tener realmente una fecha definitiva de caducidad. M\u00e1s bien es como si estuvieran sujetas a la inexorable y misteriosa ley de los ciclos, que hace que todo pase y todo vuelva.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy en d\u00eda estamos acostumbrados a presenciar, casi siempre por televisi\u00f3n, la celebraci\u00f3n de los Juegos Ol\u00edmpicos cada cuatro a\u00f1os. Y no cabe duda de que las Olimpiadas constituyen un gran evento internacional de car\u00e1cter no solo deportivo, sino tambi\u00e9n pol\u00edtico, medi\u00e1tico y social. Pero realmente, los juegos ol\u00edmpicos modernos llevan celebr\u00e1ndose poco m\u00e1s de un siglo, exactamente desde el a\u00f1o 1896, gracias al trabajo entusiasta de un hombre genial y visionario llamado Pierre de Coubertin. Paseando por las ruinas de la antigua ciudad de Olimpia, se enamor\u00f3 de un ideal tan noble como antiguo, que durante m\u00e1s de trece siglos fue capaz de unir a todos los pueblos y ciudades-estado griegos, para contemplar c\u00f3mo sus j\u00f3venes atletas, venidos de todas partes del mundo conocido, eran capaces de batirse bajo el sol de Olimpia con un noble esp\u00edritu de superaci\u00f3n, de valor, de juego limpio y sacrificio personal, que hoy la historia reconoce con el nombre de&nbsp;<em>esp\u00edritu ol\u00edmpico<\/em>. Un hermoso ideal, que naci\u00f3 hace ya m\u00e1s de 2800 a\u00f1os en el valle sagrado de Olimpia, al noroeste de la pen\u00ednsula del Peloponeso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La importancia que tuvieron los Juegos Ol\u00edmpicos entre todos los pueblos de la H\u00e9lade fue tan grande que, cada cuatro a\u00f1os, gentes de todos los lugares acud\u00edan como peregrinos a la ciudad sagrada de Olimpia para presenciar los juegos de los h\u00e9roes. Un acontecimiento tan sagrado como espectacular, que se celebraba en honor a Zeus, el padre de los dioses ol\u00edmpicos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">All\u00ed, en el valle de Olimpia, a orillas del r\u00edo Alfeo y bajo la protecci\u00f3n del boscoso monte Cronos, se daba cita la flor y nata de la juventud griega, para demostrar su valor, su fuerza, su velocidad y su destreza, dando lo mejor de s\u00ed mismos para poder alcanzar un sue\u00f1o, una ilusi\u00f3n, un ideal: conquistar la corona de la victoria y convertirse en campeones ol\u00edmpicos. Un logro, un triunfo, una haza\u00f1a cuya grandeza quedar\u00eda grabada para siempre con letras de oro en la memoria de los hombres, en sus propios corazones de atletas victoriosos y en el pedestal de la estatua que los escultores levantar\u00edan con su imagen en la avenida de los templos que conduc\u00eda al estadio de Olimpia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo m\u00e1s curioso es que los campeones ol\u00edmpicos no guardaban para s\u00ed sus triunfos. Su \u00fanica condecoraci\u00f3n era una sencilla corona de olivo que el \u00faltimo d\u00eda de los juegos los vencedores depositaban a los pies de la gran estatua de Zeus, de oro y marfil, que Fidias hab\u00eda esculpido en el gran templo del padre de los dioses. Y no solo eso, sino que, a partir de entonces, ese a\u00f1o ser\u00eda recordado por el nombre del gran campe\u00f3n de Olimpia que m\u00e1s victorias hab\u00eda conquistado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal fuerza ten\u00eda el ideal ol\u00edmpico que, cuando los&nbsp;<em>espandroforos<\/em>&nbsp;o mensajeros divinos de Olimpia, cuatro meses antes de los juegos, iniciaban su viaje en las cuatro direcciones del espacio para proclamar la&nbsp;<em>Ekkeyra<\/em>, la \u00ab<em>tregua sagrada de los dioses\u00bb<\/em>, a los distintos pueblos y naciones de la H\u00e9lade, todas las ciudades de Grecia deten\u00edan las guerras y conflictos, depositaban sus armas en los templos y marchaban a la ciudad santuario de Olimpia para festejar los juegos de la paz. La tregua no solo era sagrada para las ciudades y sus ej\u00e9rcitos, sino que todo viajero o peregrino que marchaba hacia Olimpia, y que a veces tardar\u00eda semanas o meses en llegar, era sacrosanto e inviolable, incluso para los ladrones y salteadores de caminos, que jam\u00e1s se atrevieron a quebrantar la tregua sagrada y ofender al padre de los dioses.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, hubo un tiempo en el que los hombres rend\u00edan culto al valor heroico, a la nobleza, al esfuerzo personal y a la dignidad del esp\u00edritu humano. Un tiempo en el cual la distancia se med\u00eda por estadios y el tiempo por olimpiadas\u2026 De hecho, se cuenta la an\u00e9cdota de que muchas ciudades derribaban una parte del lienzo de sus murallas para que los j\u00f3venes atletas de su ciudad, que retornaban a casa invictos, ci\u00f1endo la sagrada corona de olivo sobre sus cabezas, pudieran entrar por esa abertura, ya que seg\u00fan dec\u00edan sus propios gobernantes: \u00ab<em>Una ciudad que cuenta con h\u00e9roes tan nobles y victoriosos como ellos, no necesita murallas de piedra para defenderse de sus enemigos\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero, por desgracia, el fanatismo religioso, la superstici\u00f3n y la ignorancia acabaron por destruir la que probablemente fue una de las m\u00e1s bellas expresiones del esp\u00edritu humano, la ciudad sagrada de Olimpia y los juegos ol\u00edmpicos de la paz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, los nobles sue\u00f1os del alma, que durante un cierto per\u00edodo de la historia iluminaron las conciencias de los hombres, inspir\u00e1ndoles los m\u00e1s altos ideales de paz, de justicia, de nobleza, de valor, de autosuperaci\u00f3n, de belleza, de concordia y de fraternidad entre los seres humanos y los pueblos, son, como las estrellas, inmortales. Desaparecen peri\u00f3dicamente del firmamento espiritual de los hombres, para reaparecer tiempo m\u00e1s tarde e iluminar de nuevo las conciencias, inspirando en sus almas los m\u00e1s nobles ideales, sentimientos y creaciones art\u00edsticas. Adem\u00e1s, aunque a lo largo de la historia siempre ha habido algunos personajes que se esforzaron en ocultar, falsear, manipular o denigrar nuestro propio pasado como seres humanos, las piedras no mienten y su mensaje es tan atemporal y universal como los propios s\u00edmbolos que yacen grabados en ellas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed, hace mucho tiempo, paseando despacio bajo la enramada b\u00f3veda de los frondosos \u00e1rboles que embellecen el valle de Olimpia, contemplando en silencio con profunda admiraci\u00f3n las milenarias ruinas de lo que fue, un hombre tuvo un sue\u00f1o inspirado. So\u00f1\u00f3 que el ideal ol\u00edmpico pod\u00eda resurgir de nuevo entre las cenizas. So\u00f1\u00f3 que los hombres y mujeres de todos los pa\u00edses, todas las razas, todas las creencias y todas las condiciones sociales, pol\u00edticas o econ\u00f3micas, podr\u00edan volver a reunirse cada cuatro a\u00f1os en alguna ciudad de la Tierra, para celebrar los juegos ol\u00edmpicos de la paz, en los que la juventud de todas las naciones del mundo pudiera demostrar en el estadio su valor, su fuerza, su velocidad, su habilidad y su destreza, dando lo mejor de s\u00ed mismos para honrar no solo a sus padres, ciudades o pa\u00edses, sino a la humanidad entera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras un loable esfuerzo, por fin el bar\u00f3n Pierre de Coubertin pudo ver realizado su sue\u00f1o. Y as\u00ed, en el a\u00f1o 1896 se celebr\u00f3 la 1.\u00aa Olimpiada de la era moderna. La ceremonia inaugural tuvo lugar en el antiguo estadio de Olimpia, en el que, tras m\u00e1s de 1500 a\u00f1os de olvido y de silencio, la antorcha ol\u00edmpica volvi\u00f3 a arder de nuevo en la mano de un atleta. En esa primera olimpiada participaron 241 atletas de 14 pa\u00edses, que pudieron demostrar su val\u00eda y su destreza en nueve disciplinas deportivas. A partir de entonces, el lema \u00ab<em>Citius, Altius, Fortius\u00bb<\/em>&nbsp;(m\u00e1s r\u00e1pido, m\u00e1s alto, m\u00e1s fuerte), y la bandera blanca con los cinco anillos entrelazados, en representaci\u00f3n de los cinco continentes, se fueron convirtiendo en el s\u00edmbolo de un sue\u00f1o, un ideal, un sentimiento, que aunque naciese en Grecia hace m\u00e1s de 28 siglos, pertenece por igual a todos los hombres y a todos los pueblos de la tierra, pues, como muy bien expres\u00f3 el bar\u00f3n de Coubertin: \u00ab<em>Olimpia y las olimpiadas son s\u00edmbolos de una civilizaci\u00f3n entera, superior a pa\u00edses, h\u00e9roes militares o religiones ancestrales\u00bb.&nbsp;<\/em>Es por eso por lo que el esp\u00edritu ol\u00edmpico no morir\u00e1 mientras el hombre camine sobre la faz de la tierra, pues como dijo el poeta, \u00abLo que alguna vez realmente fue, es y ser\u00e1 siempre\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El esp\u00edritu ol\u00edmpico: el sue\u00f1o de un hombre, la herencia de una humanidad mejor Una vez, hace mucho tiempo, cuando el siglo XIX se encaminaba hacia su \u00faltima d\u00e9cada, y el siglo XX se perfilaba ya en el horizonte como un prometedor futuro de esperanza, un hombre tuvo un sue\u00f1o. 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