Jorge Angel Livraga Jorge Angel Livraga A lo largo de su vida, Jorge Ángel Livraga, fundador de la Organización Internacional Nueva Acrópolis, ha concedido numerosas entrevistas a los medios de comunicación de muchos países. Con ocasión de este aniversario, tomamos estas declaraciones suyas, ofrecidas a un periodista de Buenos Aires, en 1975.

Profesor, ¿cómo nació el movimiento? Sabemos que fue en Argentina, pero ¿de qué manera nació y cómo fue tomando forma posteriormente?

Creo que Nueva Acrópolis era una necesidad que estaba latente en muchas personas que cursábamos hace veinte años en la universidad, aquí en Buenos Aires. Quise paliar esa necesidad al darme cuenta de que en las universidades se nos daba información, pero no formación; que se comentaban los textos clásicos, pero siempre bajo una óptica demasiado parcial; que se ignoraba la Filosofía oriental, que se relegaba a algunas personas que no tenían nivel universitario. Se pensaba que la Historia era algo como un peso que había que olvidar pronto; nosotros pensamos que la Historia es el pedestal de la estatua que es el futuro.

De ahí, entonces, que algunos estudiantes empezáramos a plantearnos –éramos muy jóvenes– formar Nueva Acrópolis. Editamos una revista, poco a poco se fueron reuniendo personas, fuimos haciendo un programa metódico de estudios. Luego, pasamos a distintos países e iniciamos una serie de viajes que nos permitiesen recabar textos, conocimientos, tomar contacto con los principales centros intelectuales. Se viajó por Oriente en la búsqueda y en el encuentro de esos textos antiguos y sagrados, y su traducción y adaptación para los jóvenes de Nueva Acrópolis. Yo, por mi parte, me he dedicado a recorrer Europa, a rescatar las tradiciones medievales que señalan, por ejemplo, la importancia del honor de la dama y del caballero, porque creemos que en este mundo de disolución, en este mundo de violencia, es necesaria de nuevo la formación de la juventud y luego, evidentemente, de toda la Humanidad, para que posea normas morales y traspase el umbral de la violencia.

Continuamos hablando de Nueva Acrópolis. ¿Cuál es la forma de sustento económico? En un mundo como el nuestro, y especialmente en nuestro país, mantener una institución debe de ser bastante problemático...

Nueva Acrópolis no tiene fin de lucro y se fundamenta sobre todo en gente de buena voluntad. Eso abarata mucho su mantenimiento; la verdad es que nuestros gastos son simplemente para aquellas cosas imprescindibles, como el alquiler o la compra de locales, el material de propaganda, de bibliotecas, etc. Pero nuestros profesores enseñan gratuitamente, y todos los que estamos colaborando en esta obra tenemos otros medios de vida que nos permiten no pesar sobre Nueva Acrópolis. Así pues, es mucho menor la cantidad de dinero necesaria para mantener una organización tan grande como la nuestra de lo que podría parecer desde fuera. El sustento se logra simplemente por la donación voluntaria de los alumnos y de todas aquellas personas que coinciden con el ideal acropolitano. Y no siempre es el dinero, muchas veces son regalos como aparatos de proyección, máquinas de escribir, mesas... Esto no es un negocio.

Profesor, ¿qué requisitos necesita una persona para ingresar en Nueva Acrópolis, qué condición?

En Nueva Acrópolis hay distintos sectores o secciones escalonados; pero para entrar en Nueva Acrópolis, en general –que creo que es el espíritu de su pregunta–, no hace falta ningún requisito. Con tal de saber leer y escribir y tener una buena predisposición, ser un filósofo más o menos nato con interés por las cosas profundas, basta para poder ponerse en contacto con Nueva Acrópolis.

¿De alguna manera este movimiento propone una forma de vida completa para quienes se integran?

Este movimiento respeta a cada uno de los seres humanos, porque uno de los defectos que tienen los pensadores, en Occidente sobre todo, es querer demarcar fórmulas rígidas de vida. Estamos tan acostumbrados a clasificarlo todo, como si fuéramos frascos de una botica, que también queremos a veces clasificar a los hombres y sus actitudes en cuanto a forma de vida.

Lo que proponemos, en líneas generales, es una búsqueda de los valores permanentes, de las cosas importantes, una prioridad de la voluntad sobre la debilidad, del trabajo sobre la inercia, de la responsabilidad sobre el anonimato; estas serían proposiciones generales.

Es necesario rescatar los elementos válidos para formar una nueva cultura, que se plasme con los siglos en una nueva civilización. Pero para ello debemos partir del individuo, de lo más simple. Y se impone una revitalización, eso sí, de los elementos espirituales, que son los únicos que pueden conformar un mundo nuevo, y no solamente nuevo, sino mejor.