Delia SteinbergDelia SteinbergCon ocasión del 60 aniversario de la fundación de la Organización Internacional Nueva Acrópolis, entrevistamos a Delia Steinberg Guzmán, que preside la institución desde el año 1991, tras el fallecimiento de Jorge Ángel Livraga Rizzi.

En estos sesenta años, Nueva Acrópolis ha realizado su vocación universal, llegando a sesenta países y a cientos de ciudades, trasladando sus ideales de fraternidad y búsqueda del conocimiento con vistas a la mejora del mundo a través de los individuos.

Delia sintetiza así esta tarea.

«En un primer momento, podríamos hablar de juventud, de la expansión propia de la juventud y de la inexperiencia propia de la juventud. Aunque tratamos con ideas muy antiguas, hay que adaptarlas al mundo en el que vivimos y esto no siempre es fácil. En cambio, los sesenta años y los sesenta países los relaciono con una juventud más madura, con una experiencia más probada por parte de todos. Hemos llegado a una situación que considero maravillosa, en la que aquellos que tienen más experiencia gracias a los años la han transmitido a los que tienen menos años pero igual necesidad de experiencia. Es decir, que hemos podido transmitirnos una forma de vivir».

Mirando hacia atrás y haciendo un poco de balance, ¿de qué se siente más orgullosa, o en qué piensa que se han cumplido las expectativas de los inicios?

«Me siento orgullosa de lo que la gente llama imposibles y me siento orgullosa de demostrar que no hay imposibles, que cuando existe una fuerte voluntad, un firme deseo de llevar las cosas adelante y una inteligencia elaborada día a día, todo, todo se puede realizar. Me siento orgullosa del pasado, de la cantidad de ideas que ya florecieron hace siglos y que fueron las mismas que despertaron tantos personajes extraordinarios para el mundo, que movieron la Historia, que cambiaron incluso la configuración sociopolítica de varios continentes. Me siento orgullosa de que estas ideas, con nuestro lenguaje actual, sigan siendo las mismas y nos hayan ayudado a transformarnos. No estoy hablando de un cambio radical sociopolítico, o de fronteras, o ni siquiera llegar a nuestro principio tan ansiado de fraternidad, pero sí quiero decir que hemos movido muchas cosas y que hay miles de personas que se han llevado aunque sea una semilla, se han llevado algo, una idea, algo que les ha cambiado la vida, que les ha ayudado a pensar de otra forma, a enfocar las dificultades de otra forma. De todo esto me siento orgullosa».

Y ahora, ¿qué perspectivas le ve a la acción de Nueva Acrópolis en el mundo?

«A mí me gusta trabajar mucho en el día a día, esa es la pura verdad. Hablar de un mes o dos meses ya significa casi un largo plazo. Pero claro, son maneras de enfocar la vida, no quiero decir que todos tengamos que hacerlo igual.

Le veo la misma perspectiva que encuentro en la Historia. Es decir, hay momentos en que las ideas florecen y trazan surcos muy importantes en la vida de los seres humanos y hay momentos en que el cielo se nubla y parece que estas ideas desaparecen, que ya no existen más o que ya nadie nunca más las va a comprender o las va a divulgar. Pero son nubes, son apenas nubes. Creo que los mismos espacios temporales que han existido en el florecimiento de las grandes ideas filosóficas podrán darse tal vez en el futuro. Puede haber un lapso, un descanso, una aparente detención. Sin embargo, creo que las semillas de ideas imperecederas son también imperecederas.

Veo el futuro como veo el presente: estable, permanente, capaz de rehacerse minuto a minuto».

¿Está preparado nuestro mundo para recibir estas ideas?

«No. El mundo no, pero hay muchos seres humanos que sí. Y nuestra búsqueda es sobre todo humana. No podemos trabajar sobre todo el mundo, el mundo es una abstracción. Tenemos que tener paciencia y dedicarnos a lo que tanto promovían los antiguos sabios, que es la educación. Y la educación trabaja con uno por uno, despertando lo mejor que hay en ese uno por uno».

Entrevista a cargo de Mª Dolores F.-Fígares